¿De qué va esto?

¿De qué va esto?

Para empezar diré que soy farmacéutica, y como tal, he desarrollado mi labor profesional durante años en el campo de los medicamentos alopáticos, esos que con nombre comercial o genérico usamos todos para recuperarnos de los problemas de salud que nos acucian. Pero también es mi deber conocer los orígenes de mi profesión, y estos pasan inevitablemente por el conocimiento y uso de los beneficios que a nuestra disposición ha puesto la Naturaleza, dotando de propiedades terapéuticas a las raíces,  tallos, hojas, flores, corteza, etc., de numerosas plantas.

Pero no seré tan necia de creer que hoy en día las plantas siguen siendo la panacea para curar nuestras enfermedades, porque no es así. Afortunadamente, la síntesis química ha servido para poder obtener a discreción, y con la connivencia de la poderosísima industria farmacéutica, la cantidad necesaria de principios activos para abastecer las necesidades de la población y curar sus males, además de poder obtener sustancias en las concentraciones suficientes para que su actividad sea la mayor y mejor que nos haga falta. Pero no me olvido de que la síntesis química lleva entre nosotros poco tiempo, no más de 200 años, y hasta ese momento, eran únicamente las plantas las que podían ayudarnos en nuestros males, desde aquellos ancestrales chamanes o gurús que con lo que yo entiendo que fue la técnica del ensayo-error, fueron descubriendo las propiedades de cada una y transmitiéndolas de generación en generación. Esos fueron mis antepasados profesionales y a ellos les debemos el origen de los medicamentos de hoy, desde el extracto de corteza de sauce, origen del ácido acetilsalicílico, la aspirina, hasta esa vitamina C que hoy consumimos en cómodas pastillas si no somos de los que comen las cantidades suficientes de frutas y verduras.

Por ello reivindico el uso actual de este saber milenario, que si bien entiendo que no puede en ningún caso sustituir a los avances que tenemos hoy en día, sí pueden perfectamente ocuparse de aquellos males menores que no necesitan de fármacos sintéticos que con todas sus buenas intenciones también tienen su lado oscuro, el de las consecuencias de la química de síntesis, con sus efectos secundarios perjudiciales y sus incompatibilidades y restricciones de uso. Para muchas cosas, las plantas son eficaces, y un magnífico recurso que no hay razón para dejar a un lado como si esto fuera una pseudo ciencia, que no lo es. Las plantas tienen principios activos eficaces, perfectamente aprovechables si son bien conocidos y usados,  y que en este tiempo de vuelta afortunada a lo natural, contienen un arsenal terapéutico que merece la pena rescatar del olvido.

Y de eso va esto. No de empezar a describir conceptos y echarle literatura, sino de contar esas cuestiones prácticas que en el uso y conocimiento de las plantas he ido ensayando y constatando a lo largo de los años. Si te interesa, a partir de aquí, yo te lo cuento, y luego está en tu interés el hacer uso o no de todo ello.

Nuria Suárez González

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