¿De verdad podemos creer en la eficacia de los aceites esenciales y vegetales?

¿De verdad podemos creer en la eficacia de los aceites esenciales y vegetales?

Esta claro que hay una vuelta a lo natural. Es posible que solo sea una moda, o quizá de verdad nos estamos dando cuenta que la naturaleza nos ofrece casi todo lo que podemos necesitar y que volver a ella no significa un paso atrás, sino hacia adelante, pensando que es la tierra el origen y el desarrollo de todos nosotros. 

Un poco de historia sobre el uso de los aceites esenciales

Cuando el ser humano adquirió tal denominación, e incluso antes, lo que se encontró en su entorno era lo único que podía utilizar para subsistir y para saciar sus necesidades básicas, el hambre y la sed. Esto estaba a su alcance en forma de agua, plantas y animales con los que poder alimentarse. De todos es sabido que la caza de pequeños y en ocasiones grandes animales, la recolección de frutas y semillas y la ingesta de todo ello, mantuvo a la especie el tiempo necesario para esperar a estar preparados para avanzar hacia lo siguiente, las plantaciones y el control de ciertos animales, es decir, la agricultura y la ganadería. Pero durante este largo, largo tiempo, las enfermedades ya existían, los microorganismos patógenos estaban siempre al lado y se necesitaban remedios que pudiesen calmar en lo posible los males que les perseguían. Imagino que no es posible saber quien fue el primero que se dio cuenta que ciertas plantas les sanaban, pero lo que sí sabemos es que esto ocurrió, y que determinadas plantas formaban parte no ya de la alimentación de nuestros ancestros, sino de su reserva de remedios para tratar sus problemas de salud, eso sí, con más o menos éxito dependiendo del mal que padecieran, no podemos olvidar que sus condiciones de vida eran extremas y su esperanza de vida no superaba gran cosa los 25-30 años. Sin conocimientos científicos, sin la posibilidad de concentrar principios activos, sin saber nada más que lo que la propia experimentación les había aportado de generación en generación, nuestros ancestros confiaban en las plantas y las utilizaban como uno de los pocos recursos de lo que disponían. 

Durante siglos esto fue así. A medida que las ciencias fueron avanzando, fueron sabiendo más cosas acerca de los vegetales, y pudieron dar explicaciones a las actividades de muchos de ellos. Con el avance de la tecnología, hoy sabemos casi todo de las plantas, y hoy podemos explicar claramente como actúan y por qué lo hacen, si nos son útiles o no o si son peligrosas por su toxicidad y debemos alejarnos de ellas. 

De las plantas hemos obtenido los primeros principios activos que los antiguos galenos y los primeros boticarios utilizaron para curar, y de las mezclas que estos últimos hacían se obtuvieron remedios más potentes, haciendo de la sinergia un valor potenciador de la calidad curativa de las plantas. 

Fueron los chinos los primeros que nos dejaron constancia del uso de los aceites esenciales. El uso de plantas aromáticas hace más de 4000 años, queda reflejado en los escritos de la época, en los que se hablaba de las propiedades curativas que aportaban. Pero fueron los egipcios los que más nos acercaron a ellos, porque los aceites esenciales formaban parte importante de los ungüentos que utilizaban en los procesos de embalsamamiento, y hoy sabemos que entre los muchos que usaban están el aceite esencial de mirra, el de cedro o el de albahaca. Históricamente siempre ha habido referencias a los aceites esenciales, puesto que hasta la Biblia habla en numerosas ocasiones de la unción, que el diccionario define exactamente como “1. Acción que consiste en ungir, extender aceite sobre una superficie. 2. Acción de hacer la señal De la Cruz con aceite bendito sobre el cuerpo de una persona para administrarle un sacramento u otorgarle una dignidad”. Creo que queda claro que el asunto de los aceites esenciales no es nada nuevo, al contrario, es un saber milenario que hemos adquirido y adaptado a nuestras necesidades actuales, en las que ya no los necesitamos como remedios para curar enfermedades, puesto que la ciencia ha puesto a nuestro servicio todos los principios activos de síntesis que podamos necesitar, pero que sigue siendo totalmente válido para aplicar a patologías menores, a la higiene o a nuestros productos de belleza, con el fin de evitar en la medida de lo posible la síntesis química y lo que ello significa.

Uso de aceites esenciales en la actualidad

Los que somos partidarios del uso de productos naturales entendemos que lo que es bueno para una planta puede serlo para nosotros, pues en la bioquímica de nuestro organismo hay similitudes que hacen que por ejemplo, determinados activos que tienen un efecto protector en una planta también lo tengan en nosotros. Esto no significa que todas las plantas sean útiles, muchas de ellas son tremendamente tóxicas y otras simplemente nos pueden causar malestar, pero las que nos aportan efectos positivos, podemos y debemos utilizarlas. Utilizarlas bien, claro, porque en fitoterapia no todo vale, hay indicaciones, posologías, efectos secundarios y contraindicaciones, como en los fármacos, aunque generalmente menos importantes. El uso de los aceites esenciales y vegetales es una rama de la fitoterapia, para muchos, la mayoría, llamada aromaterapia, aunque yo personalmente prefiero llamarla Oleoterapia, porque no se trata en mi caso del uso de los aromas, sino de los principios activos en sí, independientemente del aroma, ya que los aceites vegetales no son aromáticos y sin embargo tienen muchas y variadas acciones terapéuticas útiles para nosotros. Y, curiosamente, los aceites esenciales, a pesar de llamarse así no son grasas, son compuestos insolubles en agua pero solubles en aceite, de ahí llamarlos así en lugar de esencias, que es lo que verdaderamente son y como se denominaban con anterioridad, pero este término acabó siendo desplazado por el otro. 

Aceites vegetales

Las aplicaciones terapéuticas de los aceites, vegetales o esenciales, son múltiples, aunque hay algunas que son aplicables a casi todos ellos. En el caso de los aceites vegetales, su contenido en ácidos grasos esenciales es indiscutible, lo que hace que todos tengan cualidades como protectores de la piel y regenerantes del manto lipídico, aunque cada uno de ellos tenga una composición específica y esto haga que den mejor o peor resultado dependiendo del que usemos para determinada terapia. Por ejemplo: 

Aceite vegetal de Macadamia

Este aceite contiene hasta un 67% de ácido oleico (omega 9) y hasta un 25% de ácido palmitoleico (omega 7). El ácido oleico tiene entre sus propiedades la de disminuir el colesterol y bajar la tensión arterial. En la piel tiene poder antioxidante y por tanto ayuda a frenar el envejecimiento celular. El ácido palmitoleico tiene un altísimo poder hidratante muy importante en pieles muy necesitadas de hidratación, como pueden ser las pieles atópicas o con psoriasis. 

Aceite de Jojoba

Contiene hasta un 80% de ácido eicosanoico, también llamado araquídico y que forma parte de la serie omega 6. Este compuesto es importante en la regeneración de tejidos dañados, además de otras importantes actividades.

Aceite de germen de trigo

En su composición hay hasta un 65% de ácido linoleico, otro de los que componen la serie omega 6. Este acido interviene en la formación de las membranas de las células, refuerza el sistema inmunitario y es preventivo de enfermedades circulatorias entre otras propiedades. 

Estos son solo algunos ejemplos de las funciones de los aceites vegetales en nuestro organismo, bien sea a nivel interno o simplemente en aplicación tópica, en la piel. 

Aceites Esenciales

Con los aceites esenciales pasa lo mismo. Todos ellos están formados por numerosos principios activos cuya concentración es variable y en algunos casos es muy alta, dándoles las propiedades que hacen que cada uno de ellos tenga aplicaciones terapéuticas. Debido a esto, el uso de los aceites esenciales no puede ser aleatorio, sino dirigido por alguien con conocimientos importantes acerca de este tema, puesto que su funcionamiento también conlleva en algunos casos toxicidad, sobretodo si el uso es excesivo o en dosis demasiado altas. De las tres vías de aplicación de las esencias, vía oral, vía tópica y vía inhalatoria, la más sencilla es la tópica, a través de la piel, pero en este tipo de aplicación también se dan casos de irritación, alergia, etc., que deben ser seriamente previstos. 

Aceite esencial de lavanda

Es absolutamente inocuo en la mayoría de los casos, pero existe un porcentaje muy pequeño de personas con alergia a esta esencia, y su uso en este caso será causa de problemas. Contiene mas del 30% de linalool, que es un compuesto responsable del aroma del aceite esencial. Es el responsable de la irritación cutánea que produce este aceite cuando se usa en grandes cantidades y se han hecho estudios en los que se concluye que un 5% de la población es alérgica a este activo y por tanto a todos los compuestos en los que se encuentra. Pero entre sus más de 30 principios activos, la lavanda también cuenta con aquellos que le aportan sus grandes propiedades terapeúticas, como el acetato de linalilo, en proporción de hasta el 40% y que es calmante, analgésico, antiinflamatorio y espasmolítico. 

Como vemos, las concentraciones son altas, de manera que no estamos tratando con subproductos o con pseudoterapias, sino con principios activos bien estudiados y bien definidos que utilizados concienzudamente pueden ayudarnos, y lo hacen, a resolver muchos de nuestros pequeños males. 

Aceite esencial de árbol del té

Para continuar con otro ejemplo de aceite esencial muy conocido y muy empleado, usaremos el que tantas veces se recomienda para casi todo.  En este aceite se han aislado 36 componentes, es decir, principios activos con propiedades distintas, aunque algunos de ellos se encuentran en concentraciones demasiado bajas para poder ser efectivos. Otros, sin embargo, tienen concentraciones del 40%, como es el caso del terpineno-4-ol, responsable principal del efecto destructivo de este aceite para los ácaros del género Demodex. (Ver aquí )

Otro de los principios activos de este aceite es el gamma-terpineno, con una concentración del 10-28%, que tiene actividad antimicrobiana para un amplio espectro de microorganismos como Escherichia coli , Pseudomonas aeruginosa o  Streptococcus, entre otros. (Información obtenida del Centro Nacional de Información Biotecnológica de EEUU).

Aceite esencial de Niauli

En él encontramos compuestos como el 1,8-cineol en concentración del 45-65%, que le confiere propiedades como expectorante y mucolítico y es también activo en el control de plagas, en caso de piojos, ácaros, garrapatas o lombrices. El alfa-Pineno, que se encuentra en dosis de hasta el 15% es un broncodilatador para los seres humanos con una biodisponibilidad alta. 

Conclusiones: los aceites esenciales SON efectivos

Valgan estos ejemplos tanto de aceites vegetales como de aceites esenciales para tratar de explicar que cuando usamos estos aceites, no estamos ante una subciencia o un “engañabobos”, sino que estamos ante sustancias verdaderamente activas con todos los pros y contras que esto conlleva. Pero también es verdad, como ocurre con otras muchas cosas, que del uso que se haga de estas sustancias se obtendrán buenos o malos resultados. Cuando aquí hablamos de aceites, hablamos también de calidad, de aceites vegetales obtenidos por primera presión en frío y de aceites esenciales obtenidos por destilación por arrastre en corriente de vapor o por presión en el caso de las esencias de los cítricos. Pero no siempre ocurre así. Cuando los aceites no son puros ni íntegros, no se pueden garantizar sus efectos positivos, porque es posible que las concentraciones no lleguen a ser las adecuadas para poder tenerlos, y además, la mala manipulación que pueden haber tenido puede conllevar más problemas que soluciones. Yo siempre abogo por la calidad en estos productos. Mi larga experiencia con ellos me ha llevado a ver en muchas ocasiones las adulteraciones que se hacen de los aceites, y como la supuesta pureza de un aceite no es más que una pequeña cantidad de un aceite determinado diluido en otro de peor calidad y muy bajo precio. Con algo así no obtendré beneficios, como mucho lograré que el aceite sea absolutamente inútil a mis propósitos. Por ello, una vez mas, insto a quien quiera participar de la maravilla que significa el uso de los aceites esenciales y vegetales, a que busque calidad antes que bajo precio, y un buen conocedor de estos productos que pueda aconsejar convenientemente de manera que nunca haya un problema, sino siempre, soluciones, porque la Oleoterapia es una solución, y muy importante.

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