Hace un tiempo, en una librería de viejo, encontré un pequeño libro antiguo. Trataba sobre cosmética, y dado mi interés en el asunto lo compré. Le eché un vistazo por encima y lo aparqué por falta de tiempo. Ahora lo he vuelto a encontrar y esta vez sí lo he leído. Mi sorpresa ha sigo grande porque me encontré con la curiosa cosmética de los años 30.

Un viejo concepto

El libro comienza con aquello de “no hay mujer fea”. Me parece bien, pero lo que sigue…

Claro que tenemos que pensar el tiempo que era y el concepto que se tenía entonces de la mujer. Hoy sería el libro más incorrecto en cuanto a esto que conozco. La idea de que maquillarnos es lo que tenemos que hacer para gustarle a un hombre quizá ya no lo compartimos, y muchas de nosotras pensamos en maquillarnos para gustarnos a nosotras mismas.

Pero aunque podría hablar de esto mucho rato más, la curiosidad es otra, y es de eso de lo que va este post.

Faltaba mucho por saber

Como farmacéutica de profesión, especializada en dermocosmética, tengo que entender que en aquel tiempo faltaba mucho conocimiento. Pero me sorprende que las mujeres pudieran soportar aquellos “maquillajes” sin que su piel se cayera a tiras o tuvieran reacciones graves como poco.

Porque si vemos los consejos de belleza no podemos pensar otra cosa. Y voy al grano ya de una vez.

Una buena parte de los cosméticos utilizaban metales tóxicos (hoy no ponemos esto en duda) como el plomo o el mercurio. Y esto se lo ponían en la cara las mujeres a diario.

Os pongo un ejemplo obtenido textualmente del libro:

El kool se prepara quemando sulfuro de plomo y cobre dentro de un limón, que se pondrá sobre las brasas de un fuerte fuego. Cuando todo está carbonizado, se muele en mortero con coral, sándalo, perlas finas, ámbar, un ala de murciélago y un trozo de camaleón. Se quema de nuevo la mezcla hasta la carbonización. Se la pulveriza finamente y perfuma. Con su uso los ojos adquieren un hechizo que despierta en los hombres el amor

“Secretos de belleza. Química de tocador.” Luis Palacios Pelletier.1933

¿Os imagináis utilizar semejante preparado? Y no ya utilizarlo, ¿os imagináis hacerlo? Pues yo, que me dedico a la creación de fórmulas cosméticas, no me lo puedo imaginar. ¿Un murciélago y un camaleón? Más bien parece realmente algo propio de hechiceros. Y debe serlo, la verdad.

Una fórmula para rubias

En el libro se trata también el tinte para el cabello. Hoy día tenemos tintes absolutamente inocuos, salvo alergias, sin amoniaco, sin sustancias peligrosas y totalmente seguros. Pero en los años 30 no era así, y se planteaban fórmulas como esta especialmente dedicada a mujeres rubias:

  • 100 gr. de flor de manzanilla
  • agua destilada
  • 450 gr. de agua oxigenada

Bueno, obviamente el agua oxigenada será quien haga la acción de aclarar el pelo, pero esto usado a menudo lo que va a hacer es quemarlo. Y con tanta oxigenación en estado puro, ¿para qué se necesita la flor de manzanilla? No va a realizar ninguna función en este “teñido”.

Los depilatorios

Parece ser que por aquella época se llegaron a usar depilatorios a base de arsénico y cal viva. Resulta increíble pensar que alguien pudiera usar semejantes componentes para depilarse. Por lo pronto, las quemaduras que produciría la cal viva serían espeluznantes, pero es peor aún pensar que añadían arsénico, que como llegase a absorberse por los capilares de la piel, el resultado sería, literalmente, la muerte de la pobre mujer.

Asegura nuestro amigo Luis Palacios, que son menos peligrosos los depilatorios a base de sulfuro de bario o sodio, porque son solo un poco caústicos. Ya, claro, cualquier cosa es mejor que el arsénico para depilarse, aunque te queme la piel al menos no te mata.

Mi curiosidad insatisfecha es saber si realmente alguna mujer utilizaba estos procedimientos de verdad. Pero nadie sabe responderme, así que si tenéis datos, no dejéis mi curiosidad sin respuesta y comentadlos más abajo, por favor…

La belleza en la cara

Nada hay que preste al rostro más encanto que una salud perfecta

Luis Palacios Pelletier. 1932

Estoy totalmente de acuerdo con esta frase. La piel como órgano también acusa los problemas de salud, y con esto no descubro nada nuevo. Pero veréis, no estoy demasiado segura de que los consejos de salud que nos relata Don Luis sean los mejores, no sé, ya me diréis:

“Muy perjudicial para el cutis es el frío o el calor exagerado. Se ha comprobado que el aire caliente perjudica a las rubias, y el frío a las morenas. Las mujeres rusas para proteger su cutis de los rigores del clima, se embadurnaban el rostro con glicerina.

Si a consecuencia del frío o del calor vuestro rostro tiende a congestionarse, debéis daros en ayunas una ducha de agua fría en los pies, seguido de un buen masaje con agua de colonia” .

Pues no tengo yo muy claro todo esto. Pero oye, podemos colaborar: ¿eres rubia o rubio (supongo que para el género masculino esto también aplica) y el frío te perjudica?, ¿eres morena o moreno y el calor exagerado te sienta fatal?, ¿te ha funcionado lo del agua fría en los pies con colonia a continuación para descongestionar el rostro?

Yo estoy deseando leer vuestro comentarios…

Y esto ha sido la curiosa cosmética de los años 30. Creo que para empezar hemos tenido tema suficiente, iremos sacando más partido a este libro porque verdaderamente es una simpática delicia.

Por si queréis saber algo más del autor de este libro, aquí os dejo un enlace a una pequeña biografía

Espero vuestros comentarios, y esos “me gusta” si ha sido así

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